quiero explicarte de forma esquemática información relevante para que entiendas cómo cada trabajo fotográfico, me ha llevado también, a identificar, reconocer, explorar, o incluso duelar procesos internos que estaba viviendo durante el proceso creativo.
Antes de que pases a ver cada proyecto fotográfico,
Asimismo, y por imposible que parezca, muchas ocasiones ha sido el propio proceso creativo quien me ha revelado aquella temática que tenía dentro, y que necesitaba desarrollar mediante lo fotográfico, y no al revés (eligiendo primero la temática de forma consciente y luego desarrollándola).
Y es que partir desde la curiosidad, el juego y la escucha propia, es la predisposición perfecta para dejar aflorar aquello que está dentro y que pide salir.
Jugar con lo imaginativo mediante las imágenes, me permite llegar a tantas posibilidades como revelaciones
que incluso me permiten accionar y crecer como persona, que de otra forma no me ha sido posible.
Esta forma de entender las imágenes y su potencial para el bienestar de las personas, es lo que se ha convertido en motor personal para acompañar a las personas en sus procesos. Pero no solo eso, mis propios proyectos fotográficos son los que, tras ahondar y sanar aspectos propios, me han llevado a poner el foco en el otro, encontrando por fin, la temática correspondiente para estos acompañamientos.
Tránsito (2015) fue el primer proyecto fotográfico que realicé en mi primer año de estudios fotográficos y fue el que me sirvió para darme cuenta de que las imágenes no eran aleatorias.
Toda creación,-y en este caso fotográfica-, responde a un movimiento interno o inquietud que necesita ser expresado, reconocido o verbalizado.
Fue con la creación de este proyecto, que fui consciente de cómo las fotografías se ayudaban de lo externo, para hablar de procesos internos.
La Caída (2015) fue un proyecto posterior a Tránsito que surgió de una tarea para clase de Proyectos Narrativos con Enric Montes.
A partir del proyecto “Fatescapes” de Pavel Maria Smejkal, continué rizando el rizo del juego y de la adivinación de fotografías míticas de la historia de la fotografía, combinado con la curiosidad de intervenir con el cosido y de explorar las posibilidades de la encuadernación japonesa.
Surgió un proyecto que tanto conceptual como técnicamente era muy interesante, y que finalmente volvía a hacerme de espejo de mi situación personal.
Ya sabiendo que la foto me hacía de espejo de aquello que me sucedía, /nu/ (2015-2022) fue un proyecto tan largo, porque mi proceso personal y mi proceso creativo se fueron entrelazando.
Primero lo creativo abrió una temática, y luego la temática fue la que se abrió en mi ámbito personal, en concreto en mi vida familiar. Hasta que no viví y duelé lo que sucedió en lo personal, no pude acabar el enfoque creativo del proyecto.
Algo parecido me sucedió con Mujer del agua (2016-2025). En este caso fue a partir de conceptualizar y armar el proyecto fotográficamente, que fue el proceso creativo quien me devolvió la imagen de aquello que personalmente me había estado sucediendo y que tan difícil me estaba siendo identificarlo, reconocerlo y expresarlo.
Así como qué consecuencias me creaba personalmente a lo largo de todos estos años.
Paisajes que quiero ver, pero no puedo (2020), también abordado desde el juego y el contexto de confinamiento, es el primer proyecto que gira en torno a lo laboral y que supone un punto de inflexión.
Es entonces, cuando se va cociendo la idea del proyecto de “Ser del Agua”, uniendo mi pasión por el mar, la fotografía, y el acompañar a las personas a conocerse mejor a través de la imagen.
Partiendo de que utilizo el agua como metáfora de la esencia interna de la persona y el mar como paisaje, lanzo a la venta obra fotográfica de estas 3 colecciones, las cuales acaban por darme el ámbito de mis acompañamientos con imágenes: acompañar a las personas a brillar en lo laboral.